Feb. 27, 2017

Bendiciones

Quizá logre encallar un día
el barco colmado de bendiciones,
para sosegar el hambre que se engendra en la fiera del silencio.
Hay contenedores enteros, voraces de agonías,
de esas incertidumbres
que tienen rostro;
de bramido de bestia,
de imprecación, de manantial,
de tumba.

Mi barco aúlla viajes de zozobra,
relata maremotos,
sacude cada plaga inadvertidamente,
inyecta adrenalina
preserva el miedo,
va desempolvando los enigmas
en su escalada por las olas.

En los cristales del Titanic se estalla el granizo,
son mis lágrimas pétreas
y conforme las plegarias ruedan,
se azucaran.

Mi barco trasciende el itinerario del día,
y en cada crepúsculo anuncia:
semen, réplica, puerto,
llantos detenidos,
cuando se enquistan las palabras,
pero la marina va lenta de nuevo
y la prisa del puerto es espejismo.

Traigo cuarenta bendiciones de día en los contenedores
y de noche, cuarenta mordazas.

Sentémonos en las verdades del amo del silencio, en los
ábrete sésamos,
dejad que eructen las bendiciones como lava, ahí
donde perfectamente, mis contenedores llegan salvos,
suavemente, a los puertos
en balsas.

Silvia Siller